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En defensa de los derechos en Cuba
19 de abril de 2004
 
Václav Havel

El Nuevo Herald, 18 de abril de 2004.

En noviembre celebraremos el 15to. aniversario de la ''revolución de terciopelo'' que terminó con la existencia del régimen totalitario en mi país. Durante más de cuatro décadas, luego de la Segunda Guerra Mundial, nos vimos forzados a vivir en una sociedad cerrada bajo el mandato opresor del Partido Comunista. Los derechos humanos y las libertades democráticas fundamentales fueron violados sistemáticamente, el pluralismo político fue suprimido, prácticamente todos los aspectos de la vida social, inclusive toda la economía, eran controlados firmemente por el Estado. Los pocos que entonces se atrevían a criticar en público al gobierno y trataban de entablar un diálogo acerca de los temas sociales y políticos más relevantes eran sistemáticamente hostigados y perseguidos.

La época vivida bajo el comunismo fue, por cierto, mala, pero, según alcanzo a verlo, hubo por lo menos un legado positivo de esos tiempos sombríos que no debería ser dejado de lado u olvidado. Es el espíritu que animó la resistencia a la influencia devastadora que el totalitarismo ejerció en nuestra sociedad, en nuestra alma nacional; el espíritu del que es ejemplo el movimiento de la Carta 77, una iniciativa esencialmente no violenta que promovía el respeto a los derechos humanos. El apoyo y la solidaridad provenientes del mundo exterior, de los medios noticiosos internacionales, del público en general o de parte de las políticas exteriores de los estados democráticos, la cual requería de nuestro gobierno el cumplimiento de sus obligaciones y compromisos internacionales relacionados con los derechos humanos fue lo que nos ayudó a sobrevivir en esos años y nos permitió funcionar como una comunidad política que representaba una pequeña isla de libertad en medio de un mar totalitario que, poco a poco, se transformaría en un movimiento político real cuando en 1989 llegó finalmente la posibilidad de cambiar.

¿Por qué defender los derechos humanos en Cuba?

Algunos se sorprenden por la atención que le prestamos a la situación de los derechos humanos en Cuba, un país lejano del Caribe. ¿Por qué razón hemos apoyado resoluciones en la Comisión de Ginebra, criticando al gobierno cubano por su flagrante violación a los derechos humanos y exigido la liberación inmediata de los presos políticos cubanos? ¿Por qué nuestros ''políticos profesionales'' y las Organizaciones No Gubernamentales han estado activas en este asunto? ¿Por qué los jóvenes checos organizan peticiones en nombre de los disidentes cubanos encarcelados, publican cartas abiertas en los periódicos de todo el mundo, participan en manifestaciones públicas en demanda de su liberación y recogen dinero con el cual sostener a sus familias?

La respuesta es muy simple: nosotros mismos nos encontramos una vez en una situación similar. Observamos a los que estaban dispuestos a ''intervenir activamente'' contra nuestro propio gobierno comunista. Experimentamos, de forma similar, el poder de la solidaridad del mundo democrático para con nuestros disidentes; comprendimos que ésta es la única fuerza que puede romper el hechizo que los magos del totalitarismo usan para mantener bajo su control naciones enteras.

Es la solidaridad con los que resisten a sus opresores de modo no violento, día tras día y, a menudo, sin ninguna publicidad; la solidaridad que podemos ofrecer ahora, después que nosotros mismos fuimos liberados, como expresión de nuestra gratitud a todos aquéllos que nos apoyaron en los días de nuestra propia prueba; como nuestra modesta contribución a la lucha común del mundo civilizado para seguir abierto y a todos sus pueblos que, al menos en potencia, son libres. En este contexto, la distancia geográfica no es lo que cuenta. Praga y La Habana están mucho más cerca en el mapa espiritual mundial que lo que les gustaría admitir no sólo a los voceros de los regímenes totalitarios de hoy, sino también a muchos realistas de la política internacional contemporánea.

Sin embargo, también quiero recalcar que el caso cubano debe ser considerado primordialmente en su contexto regional, es decir, el de la cuenca del Caribe. La cooperación entre Estados Unidos, los países europeos y América Latina ha sido siempre la clave del éxito en Ginebra, y así seguirá siendo en lo que concierne al resultado de esta discusión en la Comisión de Derechos Humanos durante su sesión del 2004. Por cierto que no puedo interferir en las decisiones de esos países latinoamericanos que son actualmente miembros de la comisión. Comprendo las sensibilidades políticas de este caso particular y las complejidades de percibirlo en el contexto de los procesos políticos contemporáneos en América Latina y el mundo. Sin embargo, es muy importante, valioso y, de hecho, una señal de esperanza que Honduras y otros países se hayan sentido listos para entrar en la liza internacional, a fin de recordarle al gobierno cubano sus obligaciones y defender a aquéllos que han sido encarcelados injustamente o son incesantemente perseguidos en la isla.

El futuro de Cuba le pertenece a su pueblo y el país entrará, finalmente, en el camino hacia la democracia, la justicia social y la prosperidad económica verdaderas. Estoy convencido de que cuando esto ocurra, no sólo los cubanos experimentarán un renacimiento nacional, sino que toda la cuenca del Caribe se beneficiará enormemente de este acontecimiento. ¿Es tan absurdo imaginar que, una vez que Fidel Castro se haya ido y la sociedad abierta haya sido reinstaurada en la isla, se pueda ver en toda la región el mismo milagro que vivimos en Europa Central desde 1989?

Vaclav Havel es Escritor y político, fue presidente de la República Checa.

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